41 años del crímen de Wenceslao Pedernera. De La Rioja a la banda de Aníbal Gordon

Wenceslao Pedernera y su familia en 1973

La Rioja espera la elevación a juicio oral de la llamada Megacausa que incluye tres tramos ya judicializados en la instrucción sobre la represión durante la dictadura militar y el caso del laico Wenceslao Pedernera, asesinado en su casa de Sañogasta el 25 de julio de 1976.

Ese día se llevó a cabo la segunda parte del plan de terror sobre los militantes sociales riojanos ligados a la Iglesia encabezada por el obispo Enrique Angelelli. Ya bien entrada la noche, un grupo de autos con policías y militares se hicieron presentes en el poblado de Sañogasta y detuvieron su marcha frente a la vivienda habitada por Wenceslao Pedernera, su esposa y sus hijas. Con gritos y voces de mando exigieron la salida de Pedernera de su vivienda y lo acribillaron sin que mediara palabra delante de su mujer y sus tres pequeñas hijas. Se fueron sin más, satisfechos con el festiín de sangre.

Ya habían sido asesinados los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville en la ciudad de Chamical una semana antes. El crímen a sangre fría de Pedernera, recuperó la práctica de la vieja Triple A: matar delante de otras personas y dejar el cuerpo allí mismo para infundir el terror. Lo lograron por un tiempo.

Diez días después sería asesinado el obispo Angelelli en la ruta que une Chamical con La Rioja. Su muerte y la de los dos sacerdotes ya fue juzgada y condenados a perpetua sus inspiradores y autores entre 2012 y 2014. Falta el juicio y condena de los asesinos de Wenceslao Pedernera.

La banda Gordon.

El caso de Pedernera es bien interesante y podría abrir nuevas pistas para investigar la represión en esa provincia norteña, donde se fue armando lentamente una suerte de Utopía. La Iglesia, el diario El Independiente y los movimientos sociales cuya participación política se fue incrementando a partir de los años de la dictadur..a de Juan Carlos Onganía, en 1966.

Para 1975 ya se habían producido detenciones de militantes sociales ligados al obispo Angelelli. El matrimonio conformado por Lucho Gómez y Lucila Maraga es apenas un ejemplo de la voracidad represiva antes del golpe del 24 de marzo de 1976. Detenidos en 1975 pasaron por la cárcel y padecieron la represión en carne propia. Como otros riojanos fueron parte del esquema del terror que buscaba inmovilizar a la sociedad.

De los detenidos por su militancia sindical y social, solían hacerse cargo en la investigación antes del golpe militar, algunos grupos paramilitares como la banda de Aníbal Gordon. Así lo demuestra la represión en Villa Constitución, en el límite entre las provincias de Buenos Aires y Santa Fe. 1975 fue un año clave en la represión contra los gremios más combativos y las comisiones internas, como fue el caso de los metalúrgicos. Gordon y sus hombres, que unos meses mas tarde se harían cargo del centro clandestino de detención Automotores Orletti, en la capital argentina, supieron recorrer el norte de la provincia de Buenos Aires, Córdoba y hay testimonios que los señalan en la terminal de micros de La Rioja. Así lo sostuvo la actual legisladora nacional por esa provincia Teresita Luna en un testimonio compartido con su padre el periodista Balbino Luna. La brutalidad del crímen de los dos sacerdotes y la virulencia demencial con que fue acribillado Pedernera, tienen el sello de la Triple A.

La lectura y análisis de las sentencias en los juicios Orletti (2011) y Plan Cóndor (2016) permiten observar que los testimonios sobre la actividad de la banda comandada por Aníbal Gordon, tienen semejanza con los crímenes cometidos el 18 y el 25 de julio. Y La Rioja era una provincia especialmente observada por los servicios de inteligencia. Las portadas del diario El Sol, propiedad del agente de inteligencia del Ejército, Tomás Alvarez Saavedra, sindicaban al obispo Angelelli como “el obispo rojo” y con vinculaciones con el ERP. La banda Gordon y el Ejército tuvieron mucho que ver con la persecución al PRT ERP así como la Armada del entonces almirante Emilio Massera lo tuvo con Montoneros.

A fines de agosto está prevista la sentencia del tercer y cuarto tramo de Orletti, a partir del análisis de la participación del Grupo de Tareas 5 (GT5) especializado en la detención de militantes políticos extranjeros, especialmente uruguayos y chilenos. El Tribunal Oral Uno está procesando desde fines de 2016 innumerables testimonios sobre la actividad de la banda Gordon en estos casos. Será interesante tener la sentencia para cotejar esos casos con el crímen de Pedernera y los curas Murias y Longueville. Hasta ahora la justicia riojana no avanzó mucho en la indagación de la pista Gordon. Tampoco avanzó en las condenas: apenas un juez federal, Roberto Catalán aparece condenado, como figura emblemática en un tiempo y una sociedad donde todo se sabía y todos se conocían. El miedo y los intereses creados atemorizan a unos riojanos y encubre a otros riojanos.

Wenceslao Pedernera

Había nacido en San Luis y desde joven se vinculó con los sectores sociales ligados a la Iglesia Católica por medio de las Ligas rurales con las que trabajaban en el norte y la zona cordillerana. Junto con otros dos compañeros se ligó a la pastoral social de Angelelli y se quedó en La Rioja a trabajar su tierra y ayudar en un medio donde predominaban los abusos de los poderosos patrones de campos y las duras condiciones de trabajo.

En una entrevista en 2015, con el diario El Independiente de La Rioja, Coca, su esposa recuerda la llegada a la provincia. “En junio del 73 Wenceslao, Coca y las tres hijas de ambos, llegaron finalmente a La Rioja, para instalarse en Anguinán donde Wenceslao realizaba trabajos para una finca. Luego se trasladaron a Sañogasta y de ahí a la parcela “La Buena Estrella” que compartieron con los sacerdotes Sifré, Di Marco y Gonzalo Llorente. “De la parcela nos volvimos porque yo no aguante más, nos levantábamos a las cinco de la mañana y era muy sacrificado estar lejos trabajando. Yo en Anguinán había visto una pobreza muy grande con casitas hechas de cartón y cortinas de género. Se me paralizó la mitad del cuerpo cuando me choqué con eso porque yo había vivido y sufrido la pobreza de cerca, cuando fui niña”.
“Una francesa que se llamaba Magdalena había comprado 221 hectáreas en Sañogasta y quería formar una cooperativa de trabajadores. Algunos aceptaron porque les pagaban, otros no aceptaron porque leíamos el evangelio los fines de semana y después nos reuníamos a comentar y opinar sobre lo que habíamos leído, por eso nos tomaron por comunistas y extremistas porque no habían visto nunca que se hiciera eso.  Otros en cambio siguieron con nosotros, nos acompañaron bien, se nos vendía el agua de riego, pero después eso quedó en la nada. Trabajando en la cooperativa que se estaba formando es cuando fallece Wenceslao, se dispersó todo entonces. Yo me fui a Mendoza con mis hijas y cuando volví, despues de algunos meses, había perdido todo. Por las lluvias se inundó toda la casa, no me quedó nada”.

Ahora con los avances en los juicios de lesa humanidad en La Rioja, Coca y sus hijas siguen esperando justicia. La memoria así lo reclama.

(Redacción de PREGUNTAS)

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