PREGUNTAS cumple 13 años / ¿Quien recuerda a los curas Murias y Longueville?

El 17 de julio de 2004 lanzamos una pregunta mediante un hoja digital tipeada en el word de una vieja computadora con su CPU y todo, apenas conectada a internet. La pregunta es la que reproducimos en este título y remite a uno de los tantos casos de delitos de les humanidad que en ese momento empezaban a esclarecerse en los tribunales. Pasamos por varios formatos y seguiremos cambiando. Lo cierto es que desde ese momento empezamos a mostrarte una agenda que vinculaba violaciones a los derechos humanos, con delitos ambientales, derechos de pueblos originarios, y acceso a la información, y todo encaminado hacia una nueva forma de entender las relaciones sociales: el decrecimiento, un camino entre muchos para modificar un sistema opresor para el ser humano. Y acá seguimos, y seguiremos, trece años despues. Gracias a todos por acompañarnos. (-FK)

 

Los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, no tuvieron militancia partidaria que hoy los recuerde, como ocurre con Carlos Mugica, cercano al peronismo. Para peor, Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires y ellos eligieron los llanos riojanos, el último rincón del mundo, para entregar su vida. Algo similar ocurrió con Wenceslao Pedernera, un mendocino que decidió ir a trabajar a La Rioja como agricultor y terminó fusilado por las balas de la dictadura de 1976.

Sacerdotes riojanos Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias, asesinados en 1976.

¿?  La noche del domingo 17 de julio de 1976 era fría y oscura en los llanos riojanos. En la casa parroquial de Chamical, el párroco Gabriel Longueville terminaba de cenar junto a su ayudante el sacerdote Carlos de Dios Murias. Las tres monjas que estaban con ellos terminaban de levantar la mesa y se disponían a lavar los platos cuando unos golpes en la puerta las sobresaltaron. Unos policías reclamaban la presencia de los dos curas para hacerles algunas preguntas en la capital provincial, a 180 kilómetros. Más allá del miedo de la época, plena dictadura militar y con los antecedentes de otras detenciones de sacerdotes en 1973 y las amenazas de muerte en 1974, nadie sospechó nada extraño. En la oscuridad de la noche el automóvil con los dos curas, se perdió en los polvorientos caminos con rumbo desconocido. Dos días después, los cuerpos de ambos sacerdotes aparecieron asesinados con signos de tortura y tirados al costado de las vías ferroviarias, en el paraje conocido como Bajo de Lucas, a escasos cuatro kilómetros de la parroquia, en las afueras de Chamical.

Exactamente una semana después, en la noche del 25 de julio, el laico Wenceslao Pedernera, salió de su casa en Sañogasta, para ver quien gritaba su nombre con amenazas y reclamaba la presencia del párroco del lugar. No alcanzó a salir de la vivienda cuando fue baleado por desconocidos, a la vista de su esposa y de sus cuatro hijas pequeñas. Diez días después el obispo Enrique Angelelli era asesinado en las afueras de Chamical, mientras regresaba a La Rioja con fuertes indicios y pruebas de quienes fueron los asesinos de Longueville y Murias.

Según el informe de la Comisión provincial de Derechos Humanos, elaborado en 1984, por expreso pedido del entonces gobernador Carlos Saúl Menem, La Rioja fue la provincia con mayor cantidad de desaparecidos y presos políticos con relación a su densidad de población. La explicación hay que buscarla en el trabajo social encarado por la iglesia riojana, más que en actividades militares de la guerrilla. No existen pruebas sobre la presencia de grupos armados, ni organizaciones de apoyo a los Montoneros o el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), más allá de que en La Rioja, hubieran nacido las hermanas Lanzillotto, compañeras de algunos cuadros dirigenciales del ERP. Sin embargo en pocos días la dictadura se llevó cuatro vidas. No los desaparecieron. Los asesinaron y expusieron sus cuerpos para infundir el miedo y progresar hacia el terror entre los riojanos que amaban a sus pastores.

Personajes y tiempos.

La diócesis de La Rioja había tomado el rumbo del Concilio Vaticano II a partir de la llegada del obispo Enrique Angelelli el 24 de agosto de 1968. La iglesia se acercó al pueblo como no lo había hecho antes, a partir de las reformas implementadas por el nuevo obispo que apenas desembarcó en la capital encontró opositores. El trabajo pastoral le valió persecuciones ya en tiempos de Onganía, Lanusse e Isabel Perón, y aunque adhirió formalmente al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM) fue acusado de tercermundista, comunista y subversivo. Antes de asesinar al Pelado Angelelli, tres víctimas señalaron el rumbo de la represión en la provincia.

En Chamical la base de la Fuerza Aérea Argentina, daba vida a la ciudad. Era sede del Celpa (Centro Experimental de Lanzamiento de proyectiles Autopropulsados) y en tiempos de la dictadura el vicecomodoro Lázaro Antonio Aguirre, era el jefe de la unidad militar, y el vice comodoro Luis Fernando Estrella, el segundo jefe. Estrella fue el mismo que en tiempos del gobierno de Raúl Alfonsín aseguró que “estamos viviendo bajo una dictadura marxista” y sería el eventual encargado de tomar el Aeroparque Jorge Newbery cuando los levantamientos carapintadas contra Alfonsín en 1987.

Ambos militares ya fallecieron pero fueron denunciados y llevados ante los tribunales por los crímenes de Longueville y Murias. Según se desprende de los testimonios obrantes en la causa instruida por Oyola, ambos sacerdotes fueron salvajemente torturados dentro de la base aérea y quien llevaba adelante las sesiones de tortura era un alférez de apellido Pezzeta, ex seminarista.

En cuanto a las horas del secuestro, los únicos involucrados con responsabilidades comprobables resultaron los policías provinciales que aquella noche estuvieron al frente de la comisaría de Chamical. Comisario Oscar Carrizo, Oficial Principal Domingo Benito Vera, Comisario Inspector Torres, Comisario William Ocampo, y los agentes Arroyo y Britos, según se desprende del Informe de la Comisión Provincial de Derechos Humanos. Fuera del informe y como agente joven de la policía riojana hay que agregar a Paulino Cobresi, el mismo que en 1999 como jefe de Policía provincial declaró a un periodista de Radio Nacional que “a los presos hay que apretarlos para que hablen”, justificando las torturas a los detenidos en las comisarías. Todos ellos tuvieron a otro joven abogado como defensor contratado por la institución policial: Elías Jassán. Se trata del mismo abogado que ascendería la escalera de cargos políticos de la mano de Carlos Menem hasta convertirse en su Ministro de Justicia. Debió dejar el cargo en 1997 cuando el cruce de llamados telefónicos en la causa por el crímen de José Luis Cabezas detectó su amistad con el empresario telepostal Alfredo Enrique Nallib Yabrán.

En esos primeros años de democracia, y para embarrar aún más las cosas, aparecieron los nombres de tres presos comunes que se autoinculparon por el crímen de los sacerdotes. Eduardo Luis Lapellegrina, Juan Jesús Sanchez, Raúl Lorenzo Coronel Suárez, todos detenidos en unidades penales de la provincia de Buenos Aires por delitos de robo a mano armada y asesinato. “Fueron tres tipos que quisieron pasar unas vacaciones en La Rioja con un régimen de reclusión más distendido y se anotaron”, aseguran fuentes judiciales de esos años. Para el juez Oyola, se trató “de una maniobra de distracción. No encontré en sus testimonios valor suficiente para creerles”. Todo quedó en la nada.

En mayo de 2000 la Sala de Acusación del Tribunal Penal de París resolvió juzgar en ausencia a los responsables del crímen del padre Longueville desechando una decisión de archivar el expediente del primer juez actuante Roger Le Loir, quien llevaba el caso desde 1998, cuando los familiares del cura se presentaron a los estrados judiciales. Los imputados son el general Jorge Malagamba, jefe militar de La Rioja, el vice comodoro Estrella y el ex ministro del Interior, Albano Harguindeguy, detenido desde el pasado 12 de julio en relación a la causa del Plan Cóndor. En el caso de Wenceslao Pedernera, ni siquiera hubo una investigación ni presentación judicial en el momento en que fue asesinado el 25 de julio de 1976.

En la Argentina, la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final aún no se hicieron sentir ni en Córdoba, dónde se encuentran los tribunales federales de los que depende La Rioja, ni en la provincia dónde fueron asesinados los sacerdotes.

La lista de los religiosos, religiosas y fieles cristianos asesinados y desaparecidos en los días previos a la dictadura y durante los años de plomo, es larga e incompleta. Sin embargo los derechos humanos también perviven en la memoria de sus testimonios. ¿?

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 LA PRENSA Y LA INSTRUCCIÓN DE LA CAUSA

Testimonio del terror

En enero de 1984, la causa por el crímen de los sacerdotes estaba en plena instrucción conducida por el juez Héctor Oyola, más tarde desplazado. Las novedades se sucedían y la prensa riojana las registraba.

El diario El Sol –que en los años de Angelelli surgió como opositor a la misión del obispo y que con la democracia restrenada a fines de 1983 dio un giro en su línea editorial-  publicó el lunes 9 de enero de 1984, el testimonio de una testigo de aquella noche trágica. Aquí transcribimos un fragmento de la nota.

“(…) “Esa noche estábamos cenando”, comienza su relato la hermana Rosario Fuentes, única religiosa que aún vive en Chamical y que fue testigo del secuestro. “Cuando terminamos de cenar, eran las nueve de la noche aproximadamente y llaman a la puerta. Una voz pregunta por los padres Carlos y Gabriel. Los sacerdotes salieron de la cocina y pasaron con los individuos que los buscaban a una construcción continua (sic) distante a unos tres metros de donde se encontraban. Yo no vi a las personas –aclara Rosario Fuentes- ya que me encontraba lavando los platos en la pieza continua; eran dos personas, entraron en la habitación y conversaron con los padres; cuando estos fueron a buscar sus cosas a la parroquia, yo los vi en la vereda del frente. Estaban fumando y solamente pude ver la luz de los cigarrillos”.

Los secuestradores.

Hay que destacar que en la calle frente a la vivienda dónde cenaban los sacerdotes no había luz. Solamente un débil foco en la esquina permitía algo de visibilidad. Otros testigos manifestaron que un tercer hombre se encontraba en el auto en la vereda de enfrente. La descripción de los secuestradores es imprecisa. En el informe confidencial del periodista Aníbal Luna se describe a uno de ellos como “bajo, fornido y rubio”. Un testigo que vió con mayor precisión al acompañante y que prestara declaración en el sumario lo describe como “alto, de tez morena, ojos negros y la cara salpicada de granitos”; el testigo colaborará para confeccionar el identikit. (…)”

“(…) Los secuestradores habrían presentado credenciales de la Policía Federal y manifestaron que los sacerdotes debían acompañarlos “a La Rioja para declarar sobre unos presos”, según nos cuenta la hermana Rosario. “Quise mirar la patente del auto que se llevaba a los padres –prosigue- pero estaba toda tapada o en blanco, no sé”. El coche según la religiosa, era un coche grande de tipo Torino oscuro; azul o negro (cabe recordar a título informativo que la Policía usaba esa marca y color de vehículo por aquella época). “Los sacerdotes no se mostraban nerviosos”, al decir de la hermana Rosario, “yo diría que le han creído a esta gente”. Sin embargo se sabe que antes de salir, los religiosos dijeron a una señora que en esos momentos atendía el cine parroquial (era domingo): “Nosotros nos vamos. Cualquier cosa, si nos buscan, fuimos a La Rioja. Pero si es que no aparecemos sepan que nos llevaron en un coche”.

A la mañana siguiente, la hermana Rosario junto a otra religiosa viaja al Obispado para poner en conocimiento a monseñor Angelelli de los hechos. Nadie sabía dónde estaban. En la Policía provincial no le proporcionaban ningún dato. El martes 18, día y medio después, un empleado  del ferrocarril descubre los cadáveres a cinco kilómetros de Chamical. Once días más tarde dos cargas de dinamita vuelan la cruz colocada en el lugar del martirio. (…)”

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El paraje ubicado a siete kilómetros de Chamical, escenario donde fueran asesinados los padres, ya se encuentra en condiciones para albergar a los peregrinos que arribarán mañana desde temprano. La comuna realizó los trabajos de desmalezamiento y regado de la ruta alternativa que une Chamical con el paraje, la que será transitada por la peregrinación.

De acuerdo con el programa difundido por la Iglesia, las actividades comenzarán a las 8 con la concentración en el cementerio “El Salvador” de Chamical a donde se servirá el tradicional desayuno a los peregrinos. Posteriormente a las 9 se oficiará un responso en las tumbas de los padres Carlos y Gabriel, dando lugar al inicio de la peregrinación hacia “La Gruta de los Mártires”. Desde las 11:30 está previsto la concelebración de la misa en ese lugar que estará presidida como todos los años por el obispo de la Iglesia riojana, Fabriciano Sigampa.

Una vez concluida la ceremonia desde las 13 se realizará un almuerzo a la canasta, donde la organización tiene previsto servir una comida preparada por los centros barriales. Por la tarde de las 15 se llevará a cabo un Fogón Criollo con la participación de las parroquias, y desde las 19 en la iglesia de Chamical la celebración de la Eucaristía. (Publicado en El Independiente, La Rioja. Fecha: 17/07/2004)

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