FUERA DEL TARRO / Astillas del mismo palo, las mejores herederas

Uno es ministro, el otro se dice comunicador. Ambos son hijos del poder. Sus padres forjaron carreras como para criar a sus hijos lejos de los avatares de un país inestable y amargo para los desheredados.

El primero es ministro de gobierno como lo fue su padre. –Estudiá y acomodate, que en este país no es negocio ser laburante, le susurró mientras le pagaba sus estudios en universidades privadas con el sueldo expoliado a trabajadores a quienes decía representar en un sindicato sin potencia decisiva entre los sindicatos. Esa carencia no le impidió llegar alto. Quizá porque tuvo que aprender a trepar y roscar. Sus cartas credenciales lo identificaban como peronista de Perón, es decir la nada misma. Pero supo acercarse a Augusto Vandor y José Rucci como para pisar sobre seguro. Eso no le impidió victimizarse integrando las listas negras de la Triple A y más tarde jugar al truco con pares y oficiales carceleros. Cuando le preguntaron por los desaparecidos sostuvo no saber nada de nada sobre el tema. En democracia fue capitoste sindical, legislador y ministro de un gobierno peronista-liberal, cosa extraña para Perón pero no para un sindicalista peronista.

El hijo siguió sus consejos y se acomodó lejos del peronismo, más a la derecha, que para eso educa un dirigente sindical peronista a sus hijos.

El segundo se define comunicador y cada tarde baja línea a través de la pantalla como hacía su padre. Heredó el oficio, la profesión. El viejo fue hijo de un socialista que en plena Década infame publicaba a riesgo de su vida un pasquín socialista contra el fraude y la dictadura. Pero él prefirió debutar en un medio escrito dirigido por un contralmirante con ansias de poder. También supo sentirse perseguido por la Triple A a través de listas negras, como se sentía Isabel Sarli, quien sigue blandiendo como una medalla la censura de uno de sus tantos desnudos. La persecución como cucarda. El tipo supo también hacerse amigo del patrón. Durante la dictadura gobernó en la televisión y supo operar en la secretaría de Prensa. Marcó a compañeros del gremio de prensa que en el mejor de los casos perdieron el trabajo y en el peor terminaron desaparecidos. Soplón, le decían por lo bajo algunos que se animaban y vivieron para contarlo.

El pichón también es dueño de una porción de la pantalla y desde allí apostrofa a favor del gobierno liberal, sin más herramientas que el remanido sentido común.

Gracias a sus padres no pasan necesidades y como ellos nunca entendieron el sentido de la responsabilidad social para asumir el lugar que ocupan. O lo entendieron demasiado bien.

Astillas del mismo palo, siguieron la huella de sus mayores y la perfeccionaron al punto de heredar un ministerio y un puesto de conductor de televisión en horario central. La influencia en beneficio propio. El ministro insiste en la necesidad de aceptar las condiciones de los inversionistas extranjeros para generar empleo. El comunicador horrorizándose por los piquetes de desocupados que cortan las calles en reclamo. Ambos temen que su auto importado termine rayado.

(Redacción PREGUNTAS)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s