Una multitud contra el 2 por 1 y contra la Corte Suprema

Una luz asoma en el horizonte con el pueblo y las Madres como protagonistas (Foto: PREGUNTAS)

“Un gobierno a la medida de tu odio”, “Aquí bendijeron herramientas de tortura” y “Delitos de lesa humanidad no son delitos comunes”. Las tres frases proyectadas sobre una pared lateral de la Catedral de Buenos Aires resumían e identificaban para los organismos de derechos humanos y las casi quinientas mil personas presentes en el acto, la usina desde la que partió una política de impunidad nacida el 10 de diciembre de 2015 y coronada el miércoles 3 con el fallo de la Corte Suprema a favor de los genocidas: la Casa Rosada, la Iglesia Católica y la corporación judicial.
La marcha contra la aplicación del dos por uno a los militares y civiles condenados por delitos de lesa humanidad, fue convocada para las 18 del miércoles y rebalsó todas la expectativas. Concurrieron partidos políticos de izquierda, organismos de derechos humanos, centros de estudiantes secundarios y universitarios, sindicatos y organizaciones sociales de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano.

En el escenario ubicado en el medio de la histórica plaza, hablaron brevemente Estela Carlotto, de Abuelas de Plaza de Mayo; Taty Almeida y Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, y Lita Boitano, de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas.

En un segundo plano, como ocurre desde varios años, los dirigentes políticos ligados al peronismo participaron desde diferentes columnas en las que pudo observarse a los intendentes de 22 municipios, y ex funcionarios que ya afilan sus uñas para las parlamentarias de octubre, como Daniel Scioli, Florencio Randazzo, Julián Domínguez y Martin Sabatella. Juan Carlos Schmid fue el único de los tres secretarios generales de la CGT en participar: se entiende, sus dos compañeros Héctor Daer y Carlos Acuña, son además diputados nacionales por el Frente Renovador de Sergio Massa, quien decidió no exponer su figura en esta marcha. La dirigencia de la Unión Cívica Radical no participó; como parte de la alianza Cambiemos en el poder, se expone a los abucheos de la multitud, en un situación como la de ayer.

Hebe de Bonafini, titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, opuesta a la Línea Fundadora decidió no participar del acto. “Esta convocatoria bajo el lema Nunca Más nos trae recuerdos de la teoría de los dos demonios. De todos modos, siéntannos cerca de ustedes”, dijo mediante un video grabado y subidos a Facebook. También pidió a los manifestantes, “respeten el pañuelo blanco, porque es el símbolo y el recuerdo de nuestros hijos”, sentenció. La convocatoria planteaba a los manifestantes acudir con un pañuelo blanco al cuello como único símbolo de reclamo, para evitar las banderas políticas. La polémica se instaló cuando precisamente fue planteada la convocatoria y el pañuelo blanco fue elegido para unificar el único reclamo: eliminar el dos por uno para los represores condenados. Finalmente en la marcha pudo verse banderas políticas de los partidos de izquierda, agrupaciones sociales y gremiales que además portaban el pañuelo blanco.

“Estamos todos juntos aquí con ese pañuelo blanco que lucha y no afloja”, soltó emocionada Taty Almeida. “Desde los organismos de derechos humanos decimos nunca más a la impunidad, a los torturadores, apropiadores de niños. Nunca mas terrorismo de Estado ni privilegios para los criminales de lesa humanidad”, voceó Almeida con la fuerza de sus 83 años.

“Hasta la semana pasada, nadie discutía que esta ley fuera para los delitos de lesa humanidad, porque no son comunes ni prescriben y tampoco son amnistiables”, dijo Nora Cortiñas a su turno desde el palco. “Ahora la Corte pretende soltar al Tigre Acosta, que fue jefe de los grupos de tareas de la ESMA; a Alfredo Astiz, a Miguel Etchecolatz, asesino de los chicos de La Noche de los lápices; al cura Von Wernich, confesor de torturadores y nuca expulsado de la Iglesia Católica. Los genocidas a 41 años del golpe siguen sin confesar el destino de nuestros hijos e hijas”, lanzó y toda la plaza coreó “Asesinos, asesinos”.

“Hoy los legisladores aprobaron una ley que busca frenar la aplicación del dos por uno. Necesitamos que los representantes de los tres poderes escuchen el reclamo de esta plaza. Acá está el pueblo”, cerró el acto Estela Carlotto.

Y la plaza de Mayo se multiplicó en casi mas cincuentas plazas de todo el país desde Jujuy hasta Tierra del Fuego donde organismos de derechos humanos, encabezados por Madres y Abuelas expresaron su repudio al fallo de los cortesanos. Todas las plazas apuntaron al trípode del poder histórico, la Casa Rosada, la Iglesia Católica y los jueces, como responsables de traicionar la memoria.

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40 años de Madres con la misma terquedad

Las Madres de Plaza de Mayo cumplieron cuarenta años el domingo 30 de abril en medio de un fuego cruzado que las sigue templando como en aquel otoño de 1977. La Iglesia Católica provocó un revuelo al exhumar su propuesta que ya es un viejo anhelo: el abrazo entre víctimas y victimarios de la dictadura militar. Las Madres y las Abuelas tuvieron que salir a responder indignadas para los obispos dieran marcha atrás con la consabida excusa de una “mala interpretación”. Tres días más tarde la Corte Suprema emite un fallo a pedir de boca por parte de los represores condenados por delitos de lesa humanidad que ya estaba con la valija lista para salir en libertad. En una semana pudieron dar vuelta la historia con tozudez. La misma con la que buscan a sus hijos desde hace cuarenta años.
“Los policías no se dieron cuenta pero fueron ellos los que nos organizaron para dar vuelta a la Plaza de Mayo y convertir las rondas en un símbolo universal”, dijo Taty Almeida en charla informal a propósito con algunos periodistas a propósito del cumpleaños de las Madres. “Como estábamos bajo estado de sitio y no se podían reunir más de tres personas juntas en lugares públicos, nos decían “circulen, circulen de a dos, no se detengan”. Y nosotras les hicimos caso nos juntamos en parejas y caminamos pero lo hicimos en círculos y alrededor de la plaza de Mayo”, recuerda Almeida.
“Un día, un familiar que marchaba con nosotras empezó a contarnos y se dio cuenta que cada jueves éramos más”, dijo Nora Cortiñas a la agencia oficial Télam. “Cien, doscientos y Azucena Villalfor asomaba como la más experimentada porque su familia, que era de Avellaneda, venía de la militancia política en el peronismo. Y ella propuso hacer una colecta para publicar la solicitada en el diario La Nación en diciembre de 1977. Ahí se nos infiltró Alfredo Astiz y tuvimos la desaparición del grupo inicial de Madres con Azucena a la cabeza”, sigue Cortiñas.
La prensa internacional acreditada seis meses después para cubrir el Mundial de Fútbol de 1978, se interesa en esas mujeres que cada jueves giran en torno de la pirámide de Mayo. Se publican notas en diarios y revistas de Italia, Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, España, Estados Unidos y Gran Bretaña, con las historias de esas mujeres que denuncian la desaparición de sus hijos. La palabra justa aunque extraña para esos medios del primer mundo. La reacción oficial del gobierno del dictador Jorge Videla fue calificarlas antes el mundo como “las viejas locas” y “las locas de la plaza”. Un año después, en 1979, la presión internacional y las denuncias contra el régimen militar forzaron la llegada de una misión de observadores de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), probablemente el primer logro de las Madres y los exiliados. El silencio oficial las llevó a pedir ayuda a los obispos y sacerdotes de la Iglesia Católica sin más respuesta que el silencio o en todo caso la mentira.
Hasta 1982 las Madres siguieron presentando habeas corpus ante los jueces sabiendo de la inutilidad de la medida pero la guerra de Malvinas volvió a ponerlas en el centro de la escena. “Las Malvinas son argentinas; los desaparecidos también” decían los carteles que se filtraron en la Plaza de Mayo el día del desembarco en las islas en abril de 1982.
Con la vuelta de la democracia en 1983, las Madres encabezaron el reclamo de justicia y fueron las primeras en apoyar el juicio a los militares en la primavera de 1985. La esperanza florecía hasta que a fines de 1986 y abril de 1987, el gobierno de Raúl Alfonsín decidió clausurar toda posibilidad de justicia con la sanción de las leyes de Punto Final y Obediencia debida. A la desazón siguió una nueva lucha cuando Carlos Menem decidió a fines de 1989 indultar a los militares y dejarlos libres. “Con el menemismo nos sentimos mal pero ya no estábamos solas, porque sentíamos que nuestra lucha era compartida por el pueblo y el mundo entero sabía de nosotras y nuestros reclamos”, señalaba Hebe de Bonafini en una entrevista publicada a comienzos de 2003 en Página 12.
Vinieron los años kirchneristas cuando las leyes de impunidad fueron anuladas y la justicia volvió a brotar entre los pañuelos blancos. El 3 de mayo pasado, las Madres volvieron a sentir el dolor de la injusticia. Sin embargo su mejor antídoto parece ser la movilización callejera y la denuncia franca. Cuarenta años como si nada hubiera sucedido. Con el mismo deseo de justicia.

(Redacción PREGUNTAS)

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