Maristella Svampa / “Todos los gobiernos progresistas de la región pactaron con el gran capital”

Ganadora del Premio Konex 2016 en Ciencias Sociales, Svampa está a punto de lanzar su nuevo libro “Del cambio de época al fin de ciclo” donde analiza los últimos doce años de gobierno kirchnerista y la llegada del macrismo y sus CEO´s a las altas esferas del Estado. Y por supuesto de la situación de los gobiernos progresistas en el resto de América Latina. De todo eso habló con PREGUNTAS.

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-Como juega su mirada sobre el actual gobierno de Macri después de doce años de kirchnerismo del que fue crítica junto con el conjunto de intelectuales que integran Plataforma 2012?

-Tanto Argentina como Brasil vienen dando cuenta del final de ciclo progresista y un pasaje hacia gobiernos más conservadores, lo que genéricamente se denomina un giro a la derecha, si bien creo que aún es la excepción y no la regla. Pero en los dos países da la impresión de que el progresismo dejó de ser una lingua franca con la cual nos entendíamos todos mas allá de las disidencias, y hemos abierto paso a gobiernos que introducen un nuevo lenguaje político, quizá no tan nuevo porque lo que hacen es reactivar núcleos duros del neoliberalismo. Esto es un rasgo común en ambos países mas allá de las diferencias: en Argentina Macri emerge legítimamente como un candidato que ganó a través del voto democrático, mientras que en el caso de Temer es producto de una escandalosa destitución de Dilma Rousseff, pero en todo caso los dos gobiernos reavivan estos núcleos duros de neoliberalismo que tiene que ver con la manera en que se piensa la sociedad en algunos temas claves como la seguridad, el mercado, la economía, los derechos sociales y las relaciones laborales. En ese marco también está el extractivismo. Son gobiernos que al instalar o al radicalizar una instancia más conservadora que en algunos casos ya estaba emergiendo, implican un cambio de época importante. En el caso de Plataforma 2012 somos un colectivo bastante heterogéneo donde si bien hubo una crítica muy radical al gobierno kirchnerista, al evaluar al nuevo gobierno no todos al mismo nivel hemos suscripto las mismas críticas. De todos hicimos un primer balance de los seis primeros meses del gobierno de Macri donde sentamos muy claramente el peso del legado kirchnerista en la situación de crisis actual y por otro lado de qué manera el gobierno de Macri lo que había hecho era favorecer a los sectores más concentrados de la economía. Yo sigo en esa línea sosteniendo, más allá de lo escalofriante que puede ser este gobierno, el voto en blanco que hice hace dos años porque creo que, esperemos que no le pase a otras sociedades, la Argentina estuvo confrontada a un escenario muy derechizado en términos políticos partidarios. Por un lado había un candidato conservador por el peronismo como es Scioli, y por otro lado un candidato de la derecha empresarial como Macri. Y en la Argentina hay una gran alternancia en la política con lo cual se llegó a la confusión de alternancia política con alternativa. Conozco mucha gente que al día de hoy que ha votado a Macri, pensando confundida alternancia con alternativa. Y que hoy en día sin duda están arrepentidos. En ese marco creo que hay continuidades y rupturas con el gobierno anterior de Cristina Fernández. Por un lado, salimos de ese populismo de alta intensidad que había conllevado a una fuerte personalización del poder y entramos en la era de un gobierno neoempresarial, aperturista con núcleos fuertes neoliberales que se están haciendo progresivamente cada vez más presentes. Hay continuidades respecto del extractivismo que ha sido una característica de todos los gobiernos latinoamericanos más allá del color político que tuvieran. Esto está asociado al consenso de los commodities, al modelo de desarrollo al que han apostado por las ventajas comparativas de exportar materias primas. En ese caso vemos ahora la profundización del extractivismo en todas sus facetas. A lo cual se añade una serie de medidas que han favorecido abiertamente a los capitales trasnacionales, desde la quita de retenciones a la minería, también podríamos hablar de la baja de las retenciones a la soja, el impulso a Vaca Muerta con los subsidios cada vez mayores que se dieron a las empresas, el impulso de los megaemprendimientos urbanísticos que implica mayor acaparamiento de tierras y privatización. Todo eso va en la línea de la profundización del neoliberalismo. Uno podría decir también de un nuevo ciclo de expoliación de los bienes naturales. Y va a venir acompañado de mayor represión como ya lo está mostrando.  El sintagma, a más extactivismo menos democracia se está cumpliendo a rajatabla durante este gobierno. Por otro lado hay que añadir que en la línea de gobiernos con una connotación neoliberal estamos asistiendo  al cercenamiento de los derechos sociales básicos en nombre de la flexibilización laboral y la atracción de capitales. Esto es claro y no se puede negar porque hay demasiados indicios que muestran a cabalidad que hay una conculcación cada vez mayor de los derechos laborales. Es una situación que nos muestra, profundización del extractivismo por un lado, y el ingreso a un nuevo ciclo de cercenamiento de los derechos sociales por otro. El riesgo es que en esa línea, nuevamente como en otros períodos, se llegue a una suerte de unidimensionalización de los conflictos. Que se dé prioridad a los conflictos más ligados a los temas sindicales y se releguen aquellos conflictos ligados al acaparamiento de tierras y a la expansión de la frontera extractivita. Sin embargo eso no se está dando por el momento. Tenemos todo un sector del kirchnerismo cuyo punto ciego era el extractivismo y hoy en día amanece descubriendo que los pueblos indígenas son perseguidos y que las protestas socioambientales son también reprimidas. Esta suerte de mala fe del kirchnerismo no es nueva, pero hace que al menos se haya abierto una oportunidad de diálogo y conversación para que consideren la envergadura de esos conflictos.

-¿Cuál es tu concepto de la herencia recibida del kirchnerismo?

-Es difícil sintetizarlo. No podemos ser lineales. Primero porque es un momento en el cual el kirchnerismo está en la picota. Es algo que le conviene al gobierno para seguir promoviendo la polarización política y hay una tendencia a reducir al kirchnerismo a una pura matriz de corrupción. En estos últimos años fue más que evidente. Creo que el kirchnerismo no fue una pura matriz de corrupción si no que hubo también un lenguaje de derechos. Y ese lenguaje se vio expresado en numerosas medidas. Desde los juicios a los genocidas, la asignación universal por hijo, la ley de matrimonio igualitario, la ley de identidad de género y los derechos a los mayores jubilados. Hubo medidas concretas y un lenguaje de derechos con ciertas políticas de inclusión que fueron parte del kirchnerismo. Pero por otro lado, el kirchnerismo obturó toda una agenda ligada al avance del extractivismo y la precarización laboral. Pero no porque fuera meramente una asignatura pendiente si no porque el kirchnerismo como los populismo y los transformismos, combina políticas de inclusión social con un pacto de gobernabilidad con el gran capital. Y esa combinación logró una estabilización de un régimen que fue el kirchnerismo. Creo que negar esa doble dimensión que da cuenta de las ambivalencias que son constitutivas del populismo sería reducirlo. No podemos reducirlo tampoco como está haciendo ahora la derecha mediática y política,  a una pura política de dilapidación de los recursos en gasto social o por otro lado por la corrupción. El populismo tiene componentes negativos, no democráticos y componentes democráticos. Y es siempre un pacto de gobernabilidad donde el gran capital entra. Y entran también sectores de la clase trabajadora y de la clase media.

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-Uno puede pensar que no había otra salida en Argentina después del incendio de 2001.

-Eso sería reducir el escenario político que se dio con la crisis argentina. También ahí hay una tendencia a pensar que lo que sucedió entre 2001 y 2002 fue solamente el caos y la descomposición.   Evidentemente el país atravesó por una de las crisis más profunda de su historia y fue generalizada, pero al mismo tiempo la Argentina se reveló como un gran laboratorio social donde emergieron nuevas movilizaciones sociales que buscaron reconstituir el tejido social del trabajo. Desde las asambleas barriales, el movimiento piquetero, las fábricas recuperadas por los trabajadores y los innumerables colectivos culturales, todos ellos buscaban efectivamente, recomponer el vínculo político desde abajo pero rechazando de manera muy radical las formas de representación política. Eso creo yo domina todo el año 2002 con una gran riqueza pero también fragmentación. A final de 2002 hay un debilitamiento de ese campo por diferentes razones. Un agotamiento que tiene que ver con la falta de conexión entre lo social y lo político, pero también estuvo en el medio la gran represión del puente Pueyrredón de junio de 2002. Fue un golpe muy fuerte a las fuerzas sociales movilizadas y que puso de relieve la gran asimetría existente entre los movimientos sociales y el poder del Estado. Hubo desde abajo un intento por recomponer el tejido social y de hecho la sociedad argentina desde abajo cambió. Porque la sociedad pos crisis es una sociedad donde hay una gran cantidad de nuevas organizaciones comunitarias sociales que implican niveles de autorganización importantes. Eso no fue suficiente para recomponer políticamente al país. Vino el peronismo de la mano de Néstor Kirchner. El peronismo se caracteriza históricamente por tener una gran productividad política.

-A eso me refería: Kirchner captó un mensaje, aunque con el tiempo terminó aliado al gran capital.

-Hubo tres aciertos de Néstor Kirchner en el inicio. Por un lado, captó el mensaje de las organizaciones sociales y lo cristalizó en la política de Derechos Humanos de los años setenta. Porque es en ese momento en que se consolida el consenso en las fuerzas sociales movilizadas acerca de que era necesario castigar a los culpables de los delitos de lesa humanidad. No es un consenso que construye Kirchner. El retoma el discurso de los Derechos Humanos y con eso reconstituye el vínculo con grandes organizaciones sociales empezando por las de Derechos humanos aunque no son las únicas. En segundo lugar, emerge en un período particular que es la suba de los precios de la commodities y un momento en el cual emerge un espacio regional e inclusive hay en ciernes un discurso latinoamericanista novedoso. Entonces entre el boom de las commodities a nivel mundial y a nivel regional la emergencia del progresismo, Kirchner también ve esa posibilidad de insertarse en ese campo progresista como una fuerza nueva. El peronismo venía de hacer su giro neoliberal en los años de Menem, que convirtió a la Argentina en una sociedad excluyente. Y el tercero  es que el kirchnerismo en tanto populismo, combina las políticas sociales, de apertura, de inclusión, del discurso latinoamericanista, con el pacto con el gran capital en una época en la cual la trasnacionalización de la economía se hace cada vez mayor y mas presente. Un dato esencial en la época de Kirchner es que hubo mayor concentración económica. Se reforzaron los indicadores de los años noventa y mayor trasnacionalización. La presencia de empresas extranjeras en el país es cada vez mayor y esto se dio bajo el ciclo kirchnerista y no bajo el ciclo menemista. Hay que comprender esa doble faz de los populismos.

-¿Podemos incluir al kirchnerismo entre el progresismo argentino?

-Si, por supuesto, a condición de hacer una lectura más fina de lo que ha sido el progresismo a nivel latinoamericano. Acabo de terminar un libro que se publicará este año y reúne varios de mis artículos sobre América Latina ligado a los temas de progresismo, extractivismo y movimientos sociales, cuyo título es “Del cambio de época al fin de ciclo”. Allí trato de reflexionar sobre estas dimensiones del progresismo latinoamericano que es necesario leer en términos de dinámicas recursivas e históricas. Se trata de un ciclo que se abre en el año 2000, quizá podríamos decir 1999 con el ascenso de Hugo Chávez al poder. Yo tiendo a identificarlo con la inflexión que supuso la guerra del agua en Bolivia, una acción importante porque significó la expulsión de una gran multinacional del país y el inicio de un ciclo ascendente de lucha. Y progresivamente se va cerrando en el año 2016 con el viraje hacia gobiernos conservadores por parte de Argentina y Brasil, y también con el descalabro político en Venezuela donde además la oposición ha ganado espacios de poder importantes porque de hecho controla la Asamblea nacional. El progresismo hay gente que tiende a asociarlo a la izquierdas y en realidad lo primero que hay que decir es que el progresismo se asocia en términos etimológicos,  a la idea de una fuerza de cambio que cree en el progreso, en el avance en las fuerzas sociales. Es una designación muy amplia y genérica que congregó diferentes experiencias políticas. Por eso hablo de una lingua franca. Porque fue una especie de lengua común para experiencias diferentes. Inicialmente muchos pensamos que era la expresión de las nuevas izquierdas que además podrían hacer converger y nuclear a las distintas tradiciones de la izquierda que existen: la populista, la clasista, la comunitaria indígena y la autonomista, que son las más importantes en América Latina. Sin embargo lo que vimos fue el desacoplamiento entre izquierdas y progresismo, a raíz de las políticas que estaban implementando en complicidad con el gran capital, y por otro lado la reducción de estos progresismos cada vez más a populismos, que pueden ser definidos como modelos de dominación más clásicos y tradicionales.

-El kirchnerismo entonces hizo estallar el concepto de progresismo?

-No diría que lo hizo estallar. El progresismo implica una idea bastante amplia en la cual entran diferentes significaciones. Al inicio del ciclo lo asociamos con las izquierdas, sin embargo hacia el final consolidó formas de populismo o de transformismo, para el caso de Brasil. También sucedió con el caso de los populismos más plebeyos, como en Venezuela y Bolivia. En Ecuador hay un populismo más de clase media como en Argentina. El kirchnerismo produjo el desacoplamiento de ese progresismo y las expectativas de izquierda que abrigaba al comienzo del ciclo. Por eso hay que leerlo en perspectiva histórica. Son más de quince años de procesos, mucha agua corrió bajo el puente y hubo cambios. No podemos quedarnos con una fotografía. Al comienzo del ciclo podía hablarse de nueva izquierda, había grandes expectativas de cambio. Creo que a partir de 2008 o 2010, cuando se consolidaron los diferentes gobiernos progresistas en sus segundos mandatos, cuando quedó muy clara la opción por el extractivismo cada vez más criminalizador de las luchas socioambientales y cuando después se vió que no hubo cambio en la matriz productiva ni reducción de las formas de desigualdad, eso fue colocando cuestionamientos a esta asociación entre izquierdas y progresismo y hacia el final es cuando se consolida la idea de que estamos ante modelos más tradicionales, bajo formatos populistas, aunque diferentes según los países. Es una suerte de parábola en la cual el progresismo va asumiendo diferentes formas.

-¿Podemos tomar a Bolivia como un ejemplo de cambio sostenido frente a una Venezuela que está en serios problemas, Chile nunca ingresó a ese eje progresista, Argentina y Brasil ya salieron hacia la derecha, Uruguay con un Tabaré Vázquez más hacia la derecha?

-Conozco mucho Bolivia y si bien reconozco grandes avances en derechos también hay grandes problemas. Por efecto de la movilización hubo reparto de tierras, políticas sociales, y sobre todo lo simbólico que significa combatir la discriminación étnica y colocar a los indígenas en el lugar de la dignidad. Eso es uno de los aportes mayores del gobierno de Evo Morales que va a marcar un antes y un después como lo hizo el peronismo en la historia argentina respecto de las clases trabajadoras. La idea de dignidad en relación a los sectores postergados.

Las entrevistas de PREGUNTAS

-¿Y el déficit en el caso boliviano?

-Hay una imagen muy romantizada del gobierno boliviano como gobierno indígena o de los movimientos sociales. Y en eso ha contribuido mucho el mensaje que transmite en toda América Latina el vicepresidente Alvaro García Linera que idealiza ese proceso y mucha gente quiere continuar con esa idealización. En realidad ya a partir de 2008 hubo fuertes conflictos con grandes organizaciones indígenas rurales, varias de las cales habían formado parte del pacto de unidad y no hay que olvidar que es pacto fue el proyecto político indígena que ocho organizaciones indígenas rurales presentaron en la Asamblea constituyente y que fueron la base de la creación del Estado Plurinacional y sobre todo de las autonomías. El caso es que lo que se consolidó en Bolivia, como bien sostiene Luis Tapia, es un Estado Plurinacional débil donde las autonomías no ocupan ningún lugar en la agenda. Y donde lo que hubo lejos del lenguaje ambientalista o por los derechos de la Pachamama, sabemos que lejos de consolidarse el modelo del “buen vivir”, se consolidó el extractivismo que además no viene solo de la mano de la expansión de la frontera energética si no del agronegocio. Hay un tema que resalta y es el pacto con el gran capital. Evo Morales fomentó el agronegocio en la zona donde reside la oligarquía boliviana del oriente, en la famosa medialuna. Inclusive el gobierno decretó un perdonazo, así le llaman a la moratoria por la deforestación de cinco millones de hectáreas en la zona de Santa Cruz que fue deforestada sin autorización para fomentar el agronegocio con el cultivo de soja transgénica.

-¿Hubo algún gobierno que lograra evitar el pacto con el gran capital?

-Estos gobiernos progresistas buscaron estabilizar una relación con el gran capital. Indudablemente que hubo enfrentamientos también, por las expropiaciones en el caso de Morales, sobre todo en el caso de los hidrocarburos. Hubo políticas de estatización que confrontó con los grandes capitales. Pero al mismo en ese nivel, el extractivismo conlleva un pacto con los grandes capitales. De hecho hay un giro hiper extractivista en Bolivia donde se quieren construir grandes represas hidroeléctricas. En un país con una geografía que llevaría a pensar en la idea de parques eólicos y energía solar, se busca fomentar la energía hidroeléctrica inundando grandes espacios. Un proyecto demencial. Chávez también confrontó con los sectores petroleros y debió enfrentar una tentativa de golpe de Estado. Maduro firmó ahora un decreto para crear en la zona del arco minero y petrolero un polo petrolero, sin estudios de impacto ambiental y donde el derecho de consulta de los pueblos originarios no existe. Y la mayor parte de esos convenios tiene cláusulas secretas. El extractivismo también genero esa tendencia al secretismo y su profundización consolidó el pacto con el gran capital. Eso generó un sistema de gobernanza en el tiempo de los commodities pero ahora empieza a generar problemas.

-No hay como luchar contra el gran capital, entonces. Ni en América Latina ni en Europa donde por ejemplo, Podemos en España y Syriza en Grecia se mostraron como buenas banderas de rebeldía ante el capital pero insuficientes para generar propuestas aplicables a políticas de Estado alternativas…

-No lo sabemos en el caso de Podemos porque no accedió aún al gobierno. Es lamentable en el caso de Syriza porque se suponía que tenían un plan B para instrumentar en relación a la Unión Europea. No hay que olvidar que todo esto se da en un contexto geopolítico que cambió mucho. En Europa hubo una profundización de las políticas de derecha con xenofobia y nacionalismo. Cuando pienso que en el año 2000 cuando se crea la Unión Europea y su moneda única, los ensayos que leíamos hablaban de una expansión de la frontera de derechos. Diecisiete años después es una Europa replegada sobre sí misma, con crisis económica y niveles de exclusión importantes hacia distintos niveles sociales y una crisis humanitaria mayor rechazando a los refugiados. La verdad es que queda poco de la Europa utópica con derechos. Mucho mas ahora después del Brexit y la emergencia de Donald Trump. Inglaterra no es el único país de Europa que tiene una derecha que en clave antisistema busca dar respuesta xenofóbica hacia los sectores más excluidos. Los partidos socialdemócratas no tienen respuesta para eso. Forman parte del establishment como lo fue el Partido Demócrata con Hilary Clinton en Estados Unidos. Representó al establishment y fue incapaz de dar respuesta a esos sectores excluidos de la globalización neoliberal que genera más desigualdades. Entonces tenemos la emergencia de esas derechas populistas, xenofóbicas, racistas que prometen soluciones mágicas a problemas tan complejos.

-Esa centroizquierda es parte del establishment

-Uno lo ve con claridad en Francia donde el Partido Socialista ha generado una elite política comparable a la de la derecha. Son sectores que se han enriquecido, con un alto nivel cultural, que desconocen los problemas que se viven en la calle, con exclusión especialmente para los hijos de inmigrantes africanos y de oriente.

-En una entrevista reciente usted mencionó la necesidad de reconstruir la centroizquierda. Pero frente a este panorama tan desalentador de la socialdemocracia europea y el progresismo latinoamericano ¿Por qué no pensar en construir una izquierda en lugar de reconstruir a la centroizquierda? ¿La palabra izquierda genera miedo y es preferible hablar de centroizquierda para no asustar a los votantes?

-Yo hablo de izquierda. Podemos pensar en una centroizquierda que mira a la izquierda, que no es el caso de lo sucedido en los últimos años. En esa entrevista yo tomaba como punto de referencia la explosión del campo de la centroizquierda en Argentina porque fue ocupado por el kirchnerismo que se ocupó de mostrar el carácter testimonial de las izquierdas por un lado o del falso carácter de izquierda de las centroizquierdas que estaban en la oposición y además colocó como adversario único a la derecha, al macrismo. Buscó polarizar la elección lo cual le dio fortaleza electoral a la propia derecha. En ese sentido las centroizquierdas argentina por déficit constitutivo y por haber caído en la trampa kirchnerista, quedaron en un punto muerto.  Si pensamos en los últimos quince años, la centroizquierda representada por Luis Zamora e incluso en el origen de Elisa Carrió o del propio Pino Solanas, fueron experiencias evanescentes. Lo decía también para diferenciar de la izquierda clasista argentina, representada por el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) con muy poca capacidad para incorporar otras narrativas emancipatorias de la narrativa autonómica que está muy difundida en el campo de los movimientos sociales, la indianista, quizá más presente en otros países , pero que en Argentina también hay entre otros. Lo que hay que repensar son las izquierdas mas allá de que ahora se pueda consolidar un polo de centroizquierda en la Argentina. Hay que repensar a las izquierdas en un contexto pos progresista que implica tratar de conjugar las distintas tradiciones o narrativas, pero sobre todo debe pensarse como una izquierda anticapitalista y laborista, pero por sobre todo ecológica. Si no incorpora la crisis socioecológica que tiene alcance civilizatorio no hay posibilidad de recomposición alguna de ese espacio político e intelectual llamado izquierda. La izquierda que se viene si es que se viene es clasista, antipatriarcal pero profundamente ecológica.

-De todos modos el FIT no deja de ser una fracción de la izquierda clásica, un trotskismo en estado puro.

-Es cierto pero no hay que olvidar que en la Argentina la izquierda que representaba el Partido Comunista fue absorbida por el kirchnerismo. Hay una izquierda clasista diseminada por todo el país, representada por la Corriente Clasista y Combativa en el caso de los movimientos socioterritoriales que vuelven a tener una fuerte presencia en el escenario político actual en un contexto de mayor exclusión. La izquierda trotskista en Argentina es muy valorable por su espíritu combativo pero es sumamente dogmática. Cree que todo lo soluciona con control obrero, la minería con control obrero.

-El próximo escenario de fuertes conflictos sociales a propósito de la megaminería y la lucha por el territorio que vienen dando los pueblos originarios  ¿puede ser la Patagonia?

-Este gobierno busca expandir la frontera extractiva y favorecer al gran capital. Quieren terminar con las leyes provinciales que prohíben la megamineria, la resistencia de los mapuches a través de la criminalización que ha encontrado expresión en una operación periodística que se hizo en las últimas semanas contra comunidades indígenas en Chubut. Los mapuches han logrado una consolidación fuerte en los territorios patagónicos y si bien son objeto de un proceso de criminalización enorme, sobre todo en Neuquén, en general logran obtener éxito a través de la justicia. Con lo cual el litigio que lleva a veces años, termina por reconocerles el derecho a la tierra. Creo que a partir de ahora los tribunales de justicia van a empezar a fallar en contra y la represión va a ser negada por operaciones de prensa. La Patagonia siempre fue un territorio en disputa pero hoy es probable que sea como la punta de lanza de la expansión de las fronteras de la explotación minera. Pensemos en el caso del magnate británico Joe Lewis que está reconocido que se apropió de un lago patagónico, la Justicia le ordenó que abriera un acceso al lego y no lo hizo. La senadora Magdalena Odarda siguió este caso muy de cerca y sin embargo el presidente Macri lo defiende abiertamente brindando falsa información. Me preocupa que este gobierno no solo va por la expansión de la frontera y avanzar como sea, criminalizando y fomentando mayor represión, sino que además está elaborando un discurso verde en nombre del cambio climático y en nombre de las energía renovables. Entonces Macri defiende a Lewis y dice que está invirtiendo en energías renovables. Con ese discurso de las energías renovables se busca tapar negocios sucios con actividades limpias. Lo mismo pasa en Buenos Aires a la que pretenden vender como ciudad verde con las ciclovías. Detrás de esa apuesta a lo verde, está la privatización de los espacios públicos y los emprendimientos urbanísticos como los shopings y los megaemprendimientos suburbanos que afectan a los humedales que son ecosistemas frágiles. Detrás de esta idea del cambio climático mostrado como una tragedia natural cuando no lo es, está la necesidad de tapar los grandes negociados. Se habla de las energías renovables pero no de la descentralización de la producción de esas energías que siguen en manos privados. La matriz energética no se discute. Y el discurso verde con este marketing es atractivo para un sector de clase media que compra sin analizarlo. Es importante hacer un desmontaje de ese discurso. El kirchnerismo no lo podía hacer porque estaba ligado al gran capital y toda su narrativa estaba fundada en una lucha contra ese capital. En cambio el macrismo no tiene nada que blanquear porque favorece abiertamente a los grandes capitales. Todo aquello que tenga que ver con el paradigma de la economía verde lo va a tomar. Hace un par de proyectos que diversifican la producción de energía pero no modifica la matriz energética de fondo. Y mientras tanto expande la frontera extractiva. La apuesta que hicieron con el yacimiento petrolero de Vaca Muerta como si se tratara de un nuevo El Dorado, y la apuesta a los reductos turísticos de lujo que implican la apropiación de territorios en la Patagonia.

-Con Trump, Macri, Temer y la derechización europea cual es el camino para una alternativa de izquierda o progresista?

-No hay sólo políticas extractivistas si no también de derechos básicos laborales, mayor ajuste. Hay que pensar en un contexto pos progresista, sin ese resentimiento que anida en quienes quedaron fuera del poder. Quizá el PT brasileño tenga más derecho a quejarse de eso. Hay varias cosas por hacer. No estoy segura que podamos dialogar amigablemente con aquellos sectores que adhirieron tan acríticamente al progresismo en la década pasada pero sin embargo es necesario. La dificultad está en que esas heridas están abiertas. Esto que ocurrió en Argentina también ocurrió en toda la región. En Bolivia tengo muchos amigos que fueron parte del gobierno de Evo Morales en sus comienzos y hoy están afuera al punto de ser considerados enemigos de Evo. Lo mismo ocurre en Ecuador y en Venezuela donde la polarización fue mayor. Hay sectores críticos del chavismo y hay una brecha muy difícil de zanjar porque la posibilidad de pensar un escenario diferente implica un diálogo. Exige la sutura de esas heridas. No tenemos la fórmula. Estamos en un contexto en el cual estamos ante un fin de ciclo, que se inicia uno nuevo de carácter excluyente, que aun no es la regla si no la excepción en América Latina. Hay progresismo en Uruguay y en Chile.

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-Uruguay quedó mejor parado que el resto aparentemente

-Es que en Uruguay hubo menos rupturas que en otros países. Lo mismo ocurre con Chile. Es probable que en Ecuador triunfe el candidato de Rafael Correa. Evo Morales no se quiere ir del poder.

-¿No hay alternativa sin Evo Morales?

-Si la hay, claro que sí. Y además está construida. Lo que pasa es que ellos juegan con la idea de tierra arrasada. No permiten el surgimiento de nuevos liderazgos. Los populismos no pueden construir sucesión porque están basados en la concentración de poder en un líder. Evo cree que no puede ser reemplazado por nadie. Ya dijo que se va a presentar a elecciones violentando las instituciones y van a hacer trampa para que Evo Morales se pueda presentar. Es una vergüenza . Más allá de los efectos democratizadores de sus políticas, alguien que ya ha dejado su marca en la historia de Bolivia no tiene la capacidad de ver que él no es la clave de los cambios. Lo que ha hecho además es expropiar esa energía social fabulosa que había en Bolivia diseminada en diferentes expresiones sociales y que ahora solo parece estar concentrada en su persona. Eso es lo que hicieron los progresismos también y en algún punto es imperdonable porque expropiaron la energía social que quedó concentrada en esos liderazgos tan fuertemente personalizados. Eso nos obliga a interrogarnos nuevamente sobre el peso de nuestras tradiciones hiperpresidencialistas, nuestras constituciones.

-¿Hay alternativa a eso en América Latina?

-En Bolivia había dos tendencias. Una en personalizar el poder en Evo Morales y la otra en democratizarlo y buscar formas colectivas de expresión. Esta última perdió espacio en el medio de un proceso de polarización con la guerra de baja intensidad que hubo con las oligarquías de oriente. El proceso hay que entenderlo con las capacidades que retomaron los Estados y esta identificación entre los liderazgos personalistas y el Estado. El populismo es fetichización del Estado en la persona del presidente. Esta idea de que las conquistas solo se pueden preservar si se conserva el liderazgo  personalista es una idea muy negativa en América Latina que implica una gran desconfianza en las dinámicas colectivas de acción que es lo que debemos recuperar.

-El caso de Paraguay con la aparición del cura Fernando Lugo también muestra lo endeble de las instituciones en ese país y la debilidad del movimiento social paraguayo para sostener a su presidente. ¿O no?

-También hay una cuestión. Los movimientos sociales en América Latina han tenido y tienen un gran protagonismo. En el inicio del ciclo lograron un gran empoderamiento y una capacidad de autorepresentación, como es el caso de Bolivia. Pero al final del ciclo quedaron muy subordinados a los partidos de gobierno y se debilitaron. Sin ir más lejos veamos el caso del MST en Brasil que perdió capacidad de movilización. En este momento el MST tiene una presencia mayor en la escena política y se concibe con mayor autonomía en relación al PT que durante los gobiernos de Lula y Dilma. Surgieron además nuevas formas de participación de parte de la juventud con un sesgo mas libertario anarquista que estaba tan presente al principio del ciclo progresista. No encontramos solamente movimientos sociales debilitados en Paraguay o con el caso del MST, si no nueva expresiones colectivas de acción colectiva y acumulación de luchas en los países latinoamericanos. Están muy fragmentadas por el momento pero son la base para pensar una nueva alternativa al menos en este contexto pos progresista que se viene. Es un tiempo perturbador no solamente a nivel regional por el giro a la derecha que implica, si no a nivel global por lo que implica el ascenso de las derechas xenófobas y racistas como las representadas por Donald Trump.

(Por Fabián Kovacic / PREGUNTAS)

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