Hebe y las dos mil marchas

Dos mil marchas de las Madres de Plaza de Mayo

Hebe, por prepotencia de trabajo

Causas de corrupción contra representantes kirchneristas y gestos oficiales en busca de reivindicar el discurso de la dictadura militar, constituyen el nuevo escenario creado por el gobierno macrista. La líder de la Asociación Madres de Plaza de Mayo quedó como un punta de lanza para mellar esas prácticas de desmemoria.

Hebe tormentosa
Hebe tormentosa

Mauricio Macri la llamó “desquiciada” y ella enarboló con más fuerza sus argumentos contra el gobierno. “Siempre supe que iban a hacer lo que están haciendo porque siempre Macri fue el enemigo”, disparó sin sutilezas y con su desparpajo característico.

A una semana de cumplir las dos mil rondas en la Plaza de Mayo, la justicia citó a Hebe de Bonafini a prestar declaración indagatoria –paso previo al procesamiento, en la mayoría de los casos- en la causa conocida como Sueños Compartidos, por el nombre del programa de construcción de viviendas populares que las Madres habían encarado con fondos del Estado en tiempos K. La causa lleva seis años de trámite y entre los imputados figuran los hermanos Pablo y Sergio Schoklender, responsable desde la Asociación Madres de Plaza de Mayo de organizar la financiación y disponer de los fondos aportado por el Estado para el programa en todo el país. También están imputados el diputado y ex ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, uno de los funcionarios más visibles del gobierno anterior, su secretario de Obras Púbicas, José López detenido por corrupción y lavado de dinero y el ex jefe de Gabinete, Jorge Capitanich.

La Justicia falla.

El juez a cargo del caso es Marcelo Martínez de Giorgi, un magistrado que accedió a los juzgados federales con la renovación judicial kirchnerista en 2008, e investiga además, otros dos casos de corrupción de funcionarios kirchneristas. No está enrolado en la agrupación Justicia Legítima –vinculada al kirchnerismo- pero tampoco aparece como un ariete de lo que la ex presidente Cristina Fernández definió como “la mafia judicial”, que hoy estaría detrás de algunas decisiones tomadas en la Casa Rosada, especialmente en el caso de la muerte del fiscal Alberto Nisman.

La causa Sueños Compartidos tuvo idas y vueltas al ritmo, de los vaivenes de la política electoral, pero Hebe de Bonafini se encargó desde el comienzo de ventilar su punto de vista. Enfrentada a su protegido Sergio Schoklender, desde el momento en que nació la causa, insistió en que la Asociación entregó al juez más de sesenta cajas con toda la documentación contable de los emprendimientos de vivienda en la capital, provincia de Buenos Aires, Chaco y Córdoba, y siempre estuvieron a disposición de la justicia. “No entendemos por que el operativo del jueves pasado”, aseguró el abogado de Hebe, Eduardo Fachal.

Lo cierto es que el operativo policial para llevarla a declarar por la fuerza no sólo no prosperó si no que volvió a generar polémica en medio de un clima dónde lentamente asoman los fantasmas del pasado con la anuencia y el apoyo de la Casa Rosada. Quienes se abalanzaron con saña sobre Hebe, circunscriben sus críticas a su rebeldía ante la justicia. ¿Por qué no se presenta?, preguntan. Soslayan y olvidan con frágil memoria que dos presidentes hicieron lo mismo: Mauricio Macri se negó a presentarse cuatro veces a una declaración indagatoria y Fernando de la Rúa lo hizo en cinco oportunidades, sin que la batería mediática cayera sobre ellos.

Entre los organismos de Derechos Humanos fue Hebe la que forzó la ruptura entre las Madres que desde 1984 pasaron a nuclearse en la Asociación Madres de Plaza de Mayo, acaudilladas por ella, y la Línea Fundadora, entre cuyos referentes están Taty Almeida y la eterna Nora Cortiñas. Con todo, Cortiñas elige dar la batalla contra la impunidad y se planta frente a la decisión judicial de detener a Hebe: “Las Madres vivimos cuarenta años de problemas con la justicia y lo que logramos lo hicimos en la calle, reclamando. No era necesario que un juez mandara detener a una Madre. Las Madres son mayores y merecen respeto”, enfatizó. Sectores de los organismos también critican la mimetización de Hebe con el kirchnerismo y la defensa acérrima de los últimos doce años de gobierno K.

Desde los medios y algunos sectores del gobierno utilizan la chicana para pegarle a Hebe y al movimiento de Derechos Humanos, recordando otros casos de familiares e hijos de desaparecidos y acusándolos de usufructuar la victimización para lograr prerrogativas. En 2004, Victoria Donda y Juan Cabandié ingresaron en la arena política hasta alcanzar la banca de legisladores nacionales. En 2013 Cabandié se negó a un control de tránsito e increpó al agente policial con el argumento de que era hijo de desaparecidos. “Así que por ser hijo de subversivos podés violar la ley”, lo increpó en esos días en las redes sociales un legislador del PRO.

La mano de Macri

Detrás de un discurso anticorrupción, el gobierno de Mauricio Macri y un sector de la Justicia llevaron se propusieron poner tras las rejas a las figuras emblemáticas emparentadas con la década kirchnerista. La dirigente social Milagro Sala fue detenida en Jujuy el 12 de enero por orden del gobernador Gerardo Morales, ligado al oficialismo. El ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime fue detenido, esposado y condenado por corrupción en el juicio por la tragedia de Once en 2012. El empresario Lázaro Báez fue detenido por orden del juez federal Sebastián Casanello y llevado con esposas, chaleco y casco antibalas ante el magistrado. El empresario Ivar Pérez Corradi bajó del avión que lo trajo desde su exilio dorado en Paraguay con chaleco y casco antibalas e inmovilizado con esposas en sus muñecas, acusado de ser el instigador de la masacre de la efedrina en 2008. Todas imágenes potentes que buscan completarse con la avanzada oficial sobre el diputado y ex ministro de Planificación Julio De Vido, el ex ministro del Interior, Aníbal Fernández, la ex presidente Cristina Fernández y Hebe de Bonafini, todos acusados de corrupción. Completar el álbum con las ocho figuras de los años K que atravesaron el imaginario mediático de la última década manchadas de corrupción, sería un triunfo para el macrismo  en busca de ganar oxígeno en su carrera de despidos y ajuste.

El miércoles 10, justo el día en que el juez Martínez de Giorgi se presentó en la sede de Madres para indagar a Hebe, el presidente Macri otorgó una teleconferencia al sitio de internet BuzzFeed en el que desnudó su pensamiento sobre los años de la dictadura. “No voy a discutir si hubo nueve mil o treinta mil desaparecidos. Es un tema que no me interesa frente a la magnitud del desastre que implicó la guerra sucia que vivimos”, declaró. Que un presidente recupere el concepto político de “guerra sucia” para reemplazar el de “terrorismo de Estado” es un dato que se esparce sobre la sociedad y se cuela como directiva política en el poder judicial que apenas a ocho meses de iniciado el proceso de gobierno macrista, ya acumula reclamos de organismos de Derechos Humanos y abogados querellantes por enlentencer los procesos judiciales por delitos de lesa humanidad que ya estaban en curso. Y por si faltara un dato más para generar zozobra y temor entre las víctimas del genocidio, el juez Gustavo Casas que integra el tribunal oral que juzga en Tucumán los delitos cometidos por fuerzas de seguridad en el llamado Operativo Independencia, cometió un acto fallido grave durante una audiencia, la semana pasada. Ante el cuestionamiento de las querellas al interrogatorio al que era sometida una de las testigos por los defensores de los militares, Casas le replicó que “las defensas tienen derecho a preguntar si había motivos para secuestrar… bah… para detener a una persona”. La fiscal Gabriela Vitar le respondió y el magistrado dobló la apuesta: “usted observa las cosas desde la clandestinidad, desde la izquierda oscura”. El juicio por el Operativo Independencia recupera la idea de caso emblemático toda vez que se trata de delitos cometidos durante el gobierno constitucional de Isabel Perón en 1975 y la acción del ejército para exterminar al ERP en la provincia, bajo el lema: “Tucumán, cuna de la independencia, sepulcro de la subversión”.

Hebe contra todos.

“Siempre supe que Macri iba a ser esto que está haciendo porque siempre fue el enemigo. Me gusta que le vaya mal. La sociedad no lo quiere: nosotras llenamos muchas plazas y ellos no pueden llenar ni un baño”. Hebe de Bonafini es así. Genera polémicas con la dureza característica de sus primeras apariciones públicas apenas recuperada la democracia. Su figura es amada y rechazada dentro del espacio de los organismos de Derechos Humanos y su militancia, como entre aquellos ajenos a ese palo. Nunca pasa desapercibida y sus palabras se parecen  más a cuchillos de carnicería que a bisturíes de cirujano. Es una tromba. “Iba a ser un jueves más, con la poquita gente que somos siempre. Pero este juez (por Martínez de Giorgi) y este gobierno hicieron posible que la marcha número dos mil sea multitudinaria”, lanzó sonriente, satisfecha y dispuesta a dar batalla e estos nuevos tiempos oscuros.

(Por Fabián Kovacic / Editor de PREGUNTAS)

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