Theodor Adorno y el totalitarismo / Decrecimiento

gente“El usual argumento de la tolerancia, de que todos los hombres y todas las razas son iguales, es un boomerang. Se expone a una fácil refutación por los sentidos, y hasta las más concluyentes pruebas antropológicas de que los judíos no constituyen ninguna raza apenas podrán modificar, en el caso del pogrom [el asesinato ritual de la civilización], el hecho de que los totalitarios sepan perfectamente a quiénes quieren eliminar y a quienes no. De poco serviría querer proclamar frente a ello como un ideal de igualdad de todo lo que tiene rostro humano en lugar de darla por supuesta como un hecho.

La utopía abstracta sería demasiado fácilmente compatible con las más astutas tendencias de la sociedad. Que todos los hombres sean iguales es precisamente lo que mejor se ajusta a ella. Considera las diferencias reales o imaginarias como estigmas que testimonian que las cosas no se han llevado todavía demasiado lejos, que algo hay libre de la maquinaria, algo no del todo determinado por la totalidad.

La técnica del campo de concentración acaba haciendo a los confinados como sus vigilantes, a los asesinados asesinos. La diferencia racial se lleva a lo absoluto a fin de poder eliminarla absolutamente, lo que sucedería cuando no quedase ya nada diferente. Una sociedad emancipada no sería, sin embargo, un estado de uniformidad, sino la realización de lo general en la conciliación de las diferencias.

La política, que ha de tomarse esto bien en serio, no debería por eso propagar la igualdad abstracta de los hombres ni siquiera como idea. En lugar de ello debería señalar la mala igualdad existente hoy, la identidad de los interesados en las filmaciones y en los armamentos, pero concibiendo la mejor situación como aquella en la que se pueda ser diferente sin temor. Cuando se le certifica al negro que él es exactamente igual que el blanco cuando no lo es, se le vuelve a hacer injusticia de forma larvada. Se le humilla de manera amistosa mediante una norma con la que necesariamente quedará atrás bajo la presión del sistema y cuyo cumplimiento sería además de dudoso mérito.

Los partidarios de la tolerancia unitarista estarán así siempre inclinados a volverse intolerantes con todo grupo que no se amolde a ellos: el pujante entusiasmo por los negros se hace compatible con la indignación respecto a las maneras de los judíos. El melting pot [recipiente en el que todos los ingredientes se disuelven, se mezclan y se funden, perdiendo en el proceso su individualidad y volviéndose indistinguibles].fue una disposición del capitalismo industrial desatado. La idea de caer en él suscita la del martirio, no la de la democracia.”

Fragmento de la obra Minima moralia de Theodor W. Adorno escrito en 1945.

(Tomado de http://www.decrecimiento.info)

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