Hace 39 años secuestraban a los dos primeros nietos recuperados por Abuelas de Plaza de Mayo

Fachada de la casa donde vieron con vida por ultima vez a Roger Julien en San Martín, Buenos Aires. (Foto: PREGUNTAS)
Fachada de la casa donde vieron con vida por ultima vez a Roger Julien en San Martín, Buenos Aires. (Foto: PREGUNTAS)

El domingo 26 de setiembre de 1976 la calma de se quebró en las afueras de San Martín cuando un operativo de fuerzas conjuntas secuestraron al matrimonio uruguayo conformado por Lucía Victoria Grisonas y Mario Roger Julien y se llevaron también a sus hijos Anatole Boris, de cuatro años, y Victoria Eva, de apenas de diecises meses. Los niños encabezan la listas de 117 nietos recuperados por Abuelas de Plaza de Mayo. Todos fueron llevados al centro de detención Automotores Orletti, nido principal del Plan Cóndor en Argentina. Hoy se cumplen 40 años de aquel operativo donde intervino la banda de Aníbal Gordon y militares uruguayos. La siguiente es la crónica escrita en 2011 sobre el caso. (FK)

“Fuerzas de seguridad. Entréguense”, gritaron antes de patear la puerta de la calle Mitre 1050 en el partido bonaerense de San Martín. Tras el golpe que hizo crujir la madera, sonó un disparo desde adentro de la casa que impactó en la pierna izquierda de Rolando Oscar Nerone, un policía miembro del Departamento de Asuntos Extranjeros que acababa de romper la puerta.

La escena quebró la tensa calma de la siesta del domingo 26 de setiembre de 1976. En la casa se encontraban Mario Roger Julien, Lucía Victoria Grisonas y sus hijos Anatole Boris Julien, de 4 años, y Victoria Eva Julien, de 16 meses.

Como se sabe, Anatole y Victoria aparecieron en diciembre de 1977 en una plaza de Valparaíso, Chile, y luego fueron adoptados por una familia chilena. Tras una ardua búsqueda internacional, la organización brasileña Clamor localizó a ambos hermanos en 1979.

Roger Julien y Victoria Grisonas
Roger Julien y Victoria Grisonas

El juez federal Daniel Rafecas acaba de dictar en la ciudad de Buenos Aires el procesamiento de los policías federales retirados Rolando Oscar Nerone y Oscar Roberto Gutiérrez, por su participación en la privación ilegal de la libertad de Victoria Grisonas. No así de Roger Julien, ya que todos los indicios en poder del juez apuntan a que se suicidó ingiriendo una cápsula de cianuro. Rafecas toma como ciertas las palabras de Álvaro Nores Montedónico, quien durante el juicio oral del año pasado recordó que mientras estuvo en Orletti Gavazzo le aseguró que Roger había ingerido cianuro. Además, el juez acredita el testimonio en ese mismo sentido del informante que posibilitó encontrar a Simón, el hijo de Sara Méndez, y el de una vecina de la madre de Roger, Angélica Cáceres.

HOMBRES DE GORDON. Los agentes ahora procesados estaban vinculados al Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, y junto al otro policía Roberto Gómez Migenes, ya fallecido, participaron del operativo en San Martín. Hasta ahora solamente había podido acreditarse la presencia en esa jornada del agente de inteligencia argentino Eduardo Rufo. Todavía no se ha podido comprobar la participación de militares uruguayos, aunque los indicios señalan que los hombres de José Gavazzo debieron ser parte del espectacular y sangriento montaje (véase entrevista adjunta).

Anatole y Victoria Eva, hoy.
Anatole y Victoria Eva, hoy.

En marzo pasado, tanto Nerone como Gutiérrez fueron detenidos e indagados por orden del juez Rafecas. Si bien ambos admitieron haber participado del operativo, aseguraron que “ni bien llegaron al lugar, Nerone recibió el disparo y huyeron sin intervenir en la detención y sin disparar un solo tiro y ni siquiera ver a los ocupantes de la casa. Según ambos el operativo lo concretó finalmente el ejército”, aseguran fuentes judiciales consultadas por Brecha. “Según Nerone, la orden que recibieron de sus superiores era la de detener a todos los ocupantes de la vivienda y trasladarlos al Departamento Central de Policía; según Gutiérrez, debían ir a la casa, constatar la existencia de un hombre uruguayo con documentos argentinos falsos y en tal caso, proceder a su detención”. La contradicción no es menor si se tiene en cuenta que Asuntos Extranjeros estaba en ese momento bajo las órdenes de la side, conducida por el general Otto Paladino y ambos pertenecían a la banda del paramilitar Aníbal Gordon.

En el legajo de Nerone aparece, con fecha de octubre de 1976, una comunicación del teniente general Ramón Nieto Moreno dirigida al jefe de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, en la que lo pone en conocimiento de “la relevante actuación que cupo a los oficiales inspectores Nerone, Gómez Migenes y Gutiérrez del departamento a su cargo en el GT 5 en los procedimientos que condujeron al desbaratamiento del sector militar de la organización subversiva Organización Popular Revolucionaria 33 Orientales (opr 33)”, y de inmediato alude a la herida recibida por Nerone en uno de esos operativos, el del 26 de setiembre. Se constata entonces que los tres policías integraron el GT 5, alias banda Gordon, pero no queda claro quiénes son los “superiores” a los que se refiere Nerone. O directamente habría que concluir que eran Otto Paladino, Aníbal Gordon y los militares uruguayos.

COMANDO TRIPLE A. Gutiérrez y Nerone declararon que huyeron del lugar tras el disparo y que no se enteraron de nada más. Pero es útil recordar las declaraciones del ex agente de inteligencia que en 2006 relató a Brecha las vinculaciones del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal con los hombres de Orletti. Según dicho testimonio, tanto “Cacho” Gutiérrez como “Roly” Nerone (policía herido en un operativo en San Martin en setiembre de 1976) fueron mencionados por sus apodos como socios de la agencia privada de seguridad Magíster, regenteada por Otto Paladino y Aníbal Gordon a fines de la dictadura militar. Mientras Gutiérrez terminó su carrera policial en los años de Carlos Menem, Nerone tras recibir el balazo en la pierna –presumiblemente de parte de Roger Julien– debió pasar a retiro. Actualmente es director de la agencia de seguridad privada Organización Anselmi srl fundada por otro ex policía, el comisario Jorge Anselmo, aparentemente sin antecedentes criminales. La agencia tiene su casa central en la calle Cullen de Capital Federal, y sucursales en las localidades de Pilar y San Martín. Ironía del destino, esta última se encuentra a escasas veinte cuadras de lo que fuera la casa de los Julien.

Pero Nerone ya fue investigado en 1975 por el periodista Rodolfo Walsh. Ese trabajo fue rescatado en el libro Como los nazis, como en Vietnam, del periodista Alipio Paoletti. En agosto de ese año, Walsh detectó un comando de la Triple A especializado en el asesinato de exiliados latinoamericanos refugiados en Buenos Aires, según un acuerdo secreto firmado por el comisario Alberto Villar con altos jefes policiales de Uruguay, Brasil, Chile, Paraguay y Bolivia. Parte de esa documentación fue descubierta por la investigadora uruguaya Clara Aldrighi en documentos desclasificados en Estados Unidos en 2002. Este comando de la Triple A dispuso de una casa operativa en Buenos Aires y estaba integrado por siete oficiales y dos suboficiales de la Superintendencia de Seguridad Federal. El jefe era el titular del Departamento de Asuntos Extranjeros, comisario Juan Gattei, y el encargado de operaciones, el inspector Juan Bautista Pietra. El responsable de inteligencia era el entonces joven inspector Rolando Oscar Nerone. Para Walsh uno de los nexos entre la cia y la Triple A era Gattei, egresado en 1962 de la Escuela Interamericana de Policía de la Agencia Internacional para el Desarrollo (aid), cobertura de la cia.

¿CUÁL EJÉRCITO? Según los diarios La Nación y La Razón del 28 de setiembre de 1976, “las fuerzas de seguridad fueron recibidas por una balacera desde el interior de la casa donde se encontraba un grupo de delincuentes subversivos”. El lenguaje de las notas periodísticas delata el guión militar y la censura sobre los hechos vinculados a la represión ilegal. Sin embargo, los vecinos del lugar testimoniaron en la instrucción de las causas y los juicios orales sobre la presencia de tanques del ejército y transportes militares, además de autos particulares y policiales. Según los sobrevivientes de Orletti, tanto Gordon como sus hombres solían vestir ropas del ejército en los operativos y en los interrogatorios. Al mismo tiempo, de acuerdo al testimonio de los vecinos, tanto Roger Julien como Victoria Grisonas fueron brutalmente golpeados en la calle por personal militar. Recuerdan también que los golpeadores fueron increpados por otros hombres porque querían a Victoria con vida. ¿Qué datos podría aportar y a quienes podrían interesarles? ¿Argentinos o uruguayos? Más tarde varios testigos aseguran haberla visto en Orletti junto a sus hijos. Allí se perdió su rastro. Pero las nuevas detenciones abren pistas para seguir enhebrando una historia que la memoria se niega a clausurar.

Brecha investiga
Brecha colaboró en la investigación que terminó con el procesamiento, esta semana, de dos de los represores que actuaron en el secuestro del matrimonio Roger Julien y Victoria Grisonas, enmarcado en las operaciones del Plan Cóndor. A través de su periodista en Buenos Aires, Brecha aportó material a la causa: ubicó para el juez –que no conocía el sitio– la casa del matrimonio en que sucedió la trágica acción represiva, tomó las fotos que luego se incorporaron al expediente, aportó dos testigos del día del secuestro y sumó al proceso el libro Mamá Julien, de José Luis Baumartner, que trata sobre las peripecias de la madre de Roger Julien para dar con su hijo y agrega información sobre los hechos.

Galeano. La biografía. Segunda edición ya en venta en todas las librerías.
Galeano. La biografía. Segunda edición ya en venta en todas las librerías.

Entrevista con Francisco Cullari, vecino de los Julien

“Ese operativo fue un crimen peor que en la guerra”

Por F.K.

Habla a borbotones y con la indignación de quien vio cometer “un crimen terrible”. Francisco Cullari es italiano, tiene 77 años, y fue el vecino que más trato tuvo con Roger Julien y Victoria Grisonas antes de que fueran secuestrados en su casa del barrio de San Martín. Prestó testimonio en el juicio oral sobre Automotores Orletti que terminó con las condenas de los represores argentinos en marzo pasado y ya testificó ante el juez Daniel Rafecas en lo que podría llamarse la sub causa Orletti dos. Aquí el diálogo que mantuvo con Brecha mientras recorría la calle donde sucedieron los hechos.

—¿Se acuerda cómo fue ese 26 de setiembre de 1976?
—Eran aproximadamente las tres de la tarde del domingo cuando llegamos con mi esposa y mi hija muy pequeña de comer un asado con amigos en San Miguel (a veinte quilómetros). Manejaba mi auto por Primero de Mayo, doblé por Brown para llegar a mi casa sobre la calle Mitre, justo frente a la de los Julien. No pude llegar porque me pararon unos milicos prohibiendo el paso porque había un operativo, me dicen. Nunca vi tantos militares y policías juntos… Para mí eran miles…

—¿Y qué pasó?
—Tuve que dejar el auto y seguir a pie. Cuando llegué a mi casa se escucharon tiros como en una guerra. Yo pasé la Segunda Guerra Mundial pero jamás vi tanto disparo para detener a dos personas. Fue una locura… Ahí mismo les dije a los militares que estaban que era una locura lo que hacían por dos personas y dos criaturas… Eran un matrimonio que entraba y salía constantemente de la casa. Los hubieran podido detener sin disparar un solo tiro. Todo ese operativo fue para aterrorizar al barrio.

—¿Qué pudo ver?
—La casa ya no está más, pero su frente daba a la calle Mitre y tenía un ventanal completamente destrozado por los disparos.

—Las crónicas de la época publicadas en La Nación y La Razón dicen que hubo disparos de resistencia desde la vivienda…
—No tiene sentido. Si hubiera sido así habría impactos de bala en los chalés de la vereda contraria que aún se conservan y son de piedra. No tienen un solo disparo. La policía corrió a los vecinos cuando salimos a la calle por el tiroteo, pero yo volví y vi el momento en que a la mujer, Lucía Victoria, la agarraron entre cuatro militares, la levantaban con sus brazos y la dejaban caer sobre la vereda. Eso lo hicieron varias veces hasta que llegaron otros tipos y los pararon porque la querían con vida. No recuerdo si tenían uniforme o no. La casa estaba en una esquina de la que salen otras cuatro calles y el lugar se conoce como las cinco esquinas. Enfrente estaba la estación de servicio ypf y allí habían llevado a los chicos y me fui corriendo a buscarlos. Pedí que me los dejaran hasta que sus familiares vinieran a buscarlos o yo mismo los ubicara. Pero me impidieron acercarme y uno de ellos me dijo que no me preocupara que los chicos iban a estar bien, incluso con psicólogos.

—¿Y cómo llegaron los niños hasta esa esquina a casi cien metros de la casa?
—Porque cuando toman la casa por asalto, Roger y Lucía huyen por el amplio fondo. Piense que la propiedad tenía 50 metros de largo. Salta la medianera cada uno a una casa distinta de los vecinos cuyos frentes daban a la calle Carlos Gardel. Lucía llevaba a los dos chicos y cuando la atrapan, primero le sacan a las criaturas y las llevan a la estación de servicio. Roger cae en la otra casa y los dueños me contaron después que él entra a la casa, les pide que entren al baño porque podría haber disparos, les dice. Él se saca la camisa, se moja el pelo y el cuerpo y se envuelve en un toallón como si se estuviera bañando, mientras en la puerta los milicos gritan ¡abran, abran! Así disfrazado él les grita: ¡ya va, ya va! y corre a abrir la puerta pensando que podría engañarlos. Pero enseguida se dan cuenta que es él y muere. Esto es lo que me contó el matrimonio que vivía en esa casa, pero ellos ya eran mayores y después se mudaron, creo que ya murieron.

—¿Pudieron ser militares uruguayos quienes lo enfrentaron en esa casa de la calle Gardel?
—No sé. O tal vez quienes fueron al operativo ya tendrían fotos de él. En la casa no había nadie más que el matrimonio y los chicos. Pero todo el operativo duró más de dos horas porque si bien venían preparando todo desde la mañana, después de la detención siguieron varias horas en la zona haciendo rastrillajes por los techos y por las calles.

—¿Hubo movimientos en la casa los días siguientes?
—Ese mismo día arrasaron con todo lo que había en la propiedad. Muebles, ropa, artículos electrodomésticos, y si algo no les servía lo regalaban a quienes anduvieran por ahí. Se quedaron en la casa casi una semana más, rompiendo paredes y pisos y de noche había guardias. La casa quedó deshabitada y unos meses después se instaló allí un policía de apellido Uribe, divorciado y con sus dos hijas. Él mismo me decía que habían destrozado la casa y le costaba repararla. Era cierto porque yo mismo entré en la casa y la vi destrozada.

—¿Cómo recuerda a los Julien?
—Eran dos personas muy agradables y correctas. Habrán llegado al barrio un año y medio o dos antes de la tragedia. Nadie en el barrio tuvo nada que decir de ellos. Lucía traía a los chicos siempre a comprar golosinas a mi quiosco. Los chicos eran hermosos y muy dulces. Ella los tenía siempre muy arreglados y aseados… eran como dos niños actores de cine. Al día siguiente del operativo, temprano en la mañana, me fui a Campo de Mayo a buscarlos, pero los milicos me sacaron como a un perro. No pude hacer nada.

—¿Y Roger y Victoria?
—Roger me decía que era mecánico dental y trabajaba junto a su esposa en una odontológica en Villa Devoto. Además del quiosco yo tenía un taller de motores y Roger una vez me trajo para reparar dos tornos de dentista. Se notaba que eran profesionales. Y si no, eran dos personas muy cultas. Durante la semana casi nunca estaban y tampoco recibían visitas con frecuencia. Cada tanto venía un amigo a visitarlos en un Fiat 1600 color bordó y sólo una vez se quedó a dormir. Ese día Roger me preguntó si me molestaba que el amigo dejara el auto en la puerta de mi taller. Le dije que no y me aclaró que se sentía mal, con presión alta y tuvo que llevarlo hasta el hospital municipal Diego Thompson, a diez cuadras de la casa, y en cuanto se sintiera mejor se iba.

—¿Qué pasó finalmente con la casa?
—Roger y Victoria supuestamente llegaron alquilando la casa, pero al poco tiempo él hizo un techo de garage en la entrada porque se había comprado una camioneta Fiat multicarga. Le pregunté si la dueña de la casa le dio permiso para construir y me dijo que ya había podido comprar la propiedad. Pero cuando vino a instalarse como ocupante el policía Uribe, un día llegó el hijo de la dueña original y decidió hacerse cargo de la propiedad nuevamente. No sé bien cómo fue. Uribe murió y sus hijas me siguen visitando pero se mudaron. Lo cierto es que el hijo de la dueña original vendió la casa a un matrimonio y éste poco después se la vendió a Radio Victoria Argentina que a comienzos de la década de 1980 construyó el galpón que se ve ahora. Cuando volvió la democracia vino a mi casa la madre de Roger, pensando que iba a encontrar a su hijo y tuve que darle la noticia de su muerte.

—Todo esto, ¿lo contó ante el tribunal oral en el juicio de Orletti, en agosto pasado?
—Sí, respondí todo lo que me preguntaron los jueces y hasta me negué a responder a uno de los abogados de la defensa porque sentí que quería intimidarme. El juez avaló mi decisión porque el tipo pretendía que yo no era claro en mi relato. Mire, mi memoria tiene fallas pero yo viví la guerra y vi morir gente a mi lado alcanzada por esquirlas de bomba. Yo me salvé d0e milagro. Pero nunca voy a olvidar ese 26 de setiembre de 1976. Fue peor que la guerra. Ver a esa mujer y sus dos chicos esa tarde me marcó para siempre.

(*) Publicado en el semanario BRECHA (Uruguay) en su edición 1330, el viernes 20 de mayo de 2011.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s